Entorno Por moderadorblog - Martes 29 de enero del 2013

La estrategia y el estudio del pasado como mecanismo de aprendizaje

Semanas atrás, en medio del período vacacional, participé de un debate entre amigos, sobre la pertinencia o no de observar los hechos del pasado como mecanismo de estudio, concretamente, para aprender estrategia: no por ser entre amigos el debate fue menos acalorado, y justo es decir que ambas partes expusimos nuestros planteamientos tratando de abarcar la mayor cantidad de situaciones, y con respeto al punto de vista contrario.

Que los tiempos cambian con mucha velocidad; que la tecnología, innovación, la evolución de los patrones y otros factores del entorno son imprevisibles la más de la veces; que la cantidad de variables en conjunción hace imposible prever el resultado exacto de su interacción y más aún que esta se repita sucesivas veces; que la misma conjunción es improbable se repita tampoco en el tiempo con las exactas dimensiones y relevancias originales; que las variables bajo control también han evolucionado y son distintas a las de antes (sea esto en ámbitos empresariales, o de conflicto: llámese teorías y herramientas organizacionales, o el clásico binomio “choque-fuego”); que resulta ocioso revisar precedentes históricos ante la necesidad de una decisión pronta e inmediata: son todos argumentos esgrimidos por mi contraparte, y saludando su punto de vista, fueron expuestos de forma mucho más ordenada y clara que la que yo he podido rescatar en este espacio.

Sin embargo considero estos argumentos rebatibles, y defender la historia y las fuentes del pasado como elementos básicos de estudio, cuando se trata de acercarnos a la estrategia, mi tarea en las sucesivas líneas.

¿Por qué tomar en consideración el pasado para hacer (y estudiar) estrategia?

Suelo mencionarlo a menudo en algún momento durante el dictado de un curso, y muchas veces en conferencias y charlas: “lo único constante, es el cambio”. Lo dijo Heráclito de Éfeso, hace 2,500 años, y la frase pareciera tener vigencia desde entonces, e incluso adaptarse mejor a nuestros días que a los de la antigua Grecia. ¿Pero debe esto entenderse como un “cortar de raíz” con el pasado y entender nuestra actualidad como totalmente nueva? De ninguna manera. El cambio es constante, la alteración de las variables en el contexto de una decisión también, pero el hecho de que existan algunas bajo control y un cierto grado de incertidumbre sobre aquellas fuera de ese ámbito, en la toma de una decisión, se mantiene perenne en cualquier escenario: no nos acerquemos al pasado entonces buscando calcar respuestas y recetas inmediatas, sino como una fuente de aprendizaje del uso de determinados recursos a disposición, para hacer frente a ciertas amenazas y riesgos, en el curso de la acción emprendido.

Las variables bajo control, por ejemplo, en el escenario histórico de una guerra, o de una batalla puntual, difícilmente se repetirán en conjunto, con la misma relevancia e importancia estratégicas: pero lo cierto es que la forma como aquellos líderes entendieron el análisis inicial, la ponderación de factores, los cursos de acción posible, y la decisión final emprendida, entendidas como un todo, nos merecen plena atención: más que la estrategia en sí misma, el objeto de estudio que perseguimos es su generación, su diseño, su concepción.

En las escuelas de negocio, al menos en las más reputadas y trascendentes en el tiempo, se privilegia el estudio de casos, y el uso de ejemplos de estrategias y decisiones empresariales tomadas en la vida real, por gerentes y líderes en el pasado: errado sería esperar que nuestros alumnos las aprendan como un compendio de técnicas para salir al paso cuando les toque situaciones de similar naturaleza; lo apropiado es dotarlos de herramientas técnicas (las mismas que por fortuna, mejorarán evolucionando en el tiempo), pero de un marco lógico de decisión, que es el que se aprende justamente a partir del ejemplo y las conclusiones de casos reales del pasado.

Entonces, el estudio del pasado en busca de un mayor conocimiento estratégico, no es algo que deba emprenderse cada vez que se debe tomar una decisión, buscando referentes similares: es una disciplina que se debe cultivar todos los días, buscando nutrirse de la experiencia de otros, para poder confrontar nuestra propia realidad y ámbito de decisión como reflejo; no interesa en un escenario puntual tener otros tantos como referencia histórica, importa haber revisado diversos sucesos y casos del pasado a lo largo de nuestra formación, para contar con un acervo suficiente que nos permita librar la toma de decisiones correcta, en base a mecanismos apropiados, probados; más que soluciones correctas para situaciones similares, debemos entender el estudio de la historia como una búsqueda de procesos de decisión correctos, independiente de la situación en que nos encontremos.

Decía el general Gerhard von Scharnhorst, fundador del estado mayor alemán: “Nadie que haya estudiado sistemáticamente la ciencia militar aprende mucho en la guerra”. No pensemos ilusoriamente que los sucesos que debemos enfrentar se repetirán siempre sin variación, buscando una receta universal de solución; pero que la soberbia intelectual no nos lleve a pensar que cada situación estratégica que enfrentemos es completamente novedosa, y por ello, que cualquier mecanismo antiguo es por lo tanto arcaico, e incompatible con nuestros tiempos; sigamos la línea de pensamiento expresada por von Scharnhorst, que en resumen, coloca el entendimiento de los sucesos del pasado, como referentes de la correcta (y a veces también inapropiada, y por ello desaconsejable) toma de decisiones.

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