Comunicación y Periodismo Por blogfacultadcomunicaciones - Jueves 17 de mayo del 2018

Arkhipov, héroe anónimo

El profesor Giacomo Ugarelli reseña la hazaña de Vasili Arkhipov, el hombre que salvó al mundo de una guerra nuclear.

Por: Giacomo Ugarelli ([email protected])

Todos los años, al iniciar el curso de Análisis Internacional, empiezo con el tema de la Guerra Fría. Muestro diferentes imágenes de destacados líderes: Kennedy, Reagan, Gorbachov, Castro, Jrushchov, etc. Sin embargo, también incluyo la imagen de un desconocido marino que raramente mis alumnos podían reconocer. Esta es la figura de Vasili Arkhipov, el hombre que salvó al mundo.

Por el nombre, intuimos que es ruso (o soviético, si nos referimos a la Guerra Fría), e incluso puede ser difícil de recordar y pronunciar. Pero es un nombre al que todos deberíamos conocer, pues salvó a la humanidad del momento más cercano al inicio de una guerra nuclear.

Estados Unidos y el entonces recién electo presidente ‘Jack’ Kennedy (JFK) no dieron un buen inicio a los años 60. En 1961, la Unión Soviética venció en la carrera espacial y Estados Unidos fracasó con la operación de la Bahía de los Cochinos. En 1962 los norteamericanos descubrieron, con aviones espía, que los soviéticos estaban intentando armar Cuba con misiles nucleares.

Es por ello que JFK, protegiendo su presidencia y la imagen de los Estados Unidos, ordena a la Marina evitar la entrada de más armamento a la isla. Moscú, por su lado, envió la 69 brigada submarina soviética para proteger a sus buques. Entre ellos se encontraba el submarino B-59 de Arkhipov, equipado con torpedos nucleares.

Debido a la tecnología y a la difícil comunicación entre Moscú y sus submarinos, el Kremlin les había dado luz verde para lanzar sus torpedos nucleares si los tres oficiales al mando del mismo estaban de acuerdo. Estos tomarían esta decisión en conjunto.

En la mañana del 27 de octubre, los buques norteamericanos detectaron el submarino de Arkhipov e intentaron, con explosivos, forzarlo subir a la superficie como lo exigía Washington. Según Vladimir Orlov (oficial de inteligencia del submarino y testigo), sentir estos explosivos “era como estar sentado en un barril de metal que alguien golpea continuamente con un martillo”. Los americanos no calcularon este impacto y siguieron lanzando continuamente cargas explosivas.

Poniéndonos en las botas de Arkhipov: 17 horas sumergido, pánico, ruido causante de desmayos en la tripulación... parece el inicio de la guerra. Peor aún: te reúnes rápidamente con el capitán y el segundo oficial, ambos están convencidos en lanzar el torpedo nuclear. Los segundos corren y lo único que falta es tu voto.

Bajo toda la presión, cansancio y poca información, uno podría ‘justificadamente’ inclinarse por la decisión del capitán. Pero Arkhipov se negó y, a pesar de los gritos y de la tensión, logró convencer a su superior de que debían esperar. Esa acción salvó al mundo, pues lanzando el torpedo nuclear los norteamericanos hubiesen respondido y, ante ello, los soviéticos también.

Entonces, si el exsubmarinista Arkhipov fue tan determinante, nos preguntamos: ¿cómo es que pocos conocemos su historia? La razón es porque recién en el 2002 salieron al público diferentes documentos desclasificados donde se narra este episodio (JFK tampoco conocería la historia de Arkhipov hasta tiempo después de ocurrida). Cabe resaltar que la hija y el nieto del héroe hasta hoy poco conocido, recibieron no hace mucho un homenaje a su padre por The Future of Life Institute, donde figuran en el consejo científico nombres conocidos como Elon Musk y el difunto Stephen Hawkins.

Dicho esto, el mundo entero le debe agradecimiento a este héroe que se mantuvo en la oscuridad por décadas y por quien no se desató una de las que pudo haber sido la peor catástrofe mundial. Nunca antes había sido tan necesaria la determinación y ‘sangre fría’ de una sola persona.

Arkhipov
(Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Vasili_Arj%C3%ADpov)

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