Comunicación y Periodismo Por blogfacultadcomunicaciones - Martes 22 de mayo del 2018

Por eso son pocos

La decana Úrsula Freundt-Thurne rescata las reflexiones de Carlos Mantilla, director del Grupo El Comercio de Quito, en torno al quehacer periodístico.

Por: Úrsula Freundt-Thurne (ursula.freundt@upc.pe)

Cuando ingresó a la sala, confirmé que aún existían quienes honran la palabra y que, a pesar de la difícil coyuntura (tal como se puede apreciar en las fotos de algunos diarios de Quito que se incluyen al final de presente artículo) por la que puedan atravesar los medios de comunicación que dirigen, respetan los compromisos adquiridos. Ello, aunque él nunca lo sepa, resultará siempre en una invalorable lección paralela para las diferentes generaciones que se encontraron presentes, esa calurosa tarde de abril, en el auditorio de IDE Business School de la Universidad de Los Hemisferios en Quito, Ecuador.

Me refiero a Carlos Mantilla, director del Grupo El Comercio de Quito quien, a solo cuatro días de la confirmación por parte del gobierno ecuatoriano del cobarde asesinato de tres miembros de su equipo a manos de un grupo disidente de las FARC, y a pocas horas del secuestro de la pareja de civiles en la frontera con Colombia, ingresaba puntualmente al auditorio para honrar con una invitación que le había cursado la Universidad y el Consejo Latinoamericano de Acreditación en Periodismo (CLAEP), programa administrado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el 20 de septiembre de 2017, es decir hace ya siete meses, cuando nada hacía presagiar que Ecuador y varios países latinoamericanos atravesaríamos días de incertidumbre y mucho dolor.


(Foto tomada por Úrsula Freundt-Thurne)

Y es que, aunque parezca secundario, nos hemos acostumbrado a que la coyuntura se vuelva excusa para cumplir con la palabra, adelgazando su valor, poder y posibilidades, y llevándose de encuentro la confianza que irradian los comportamientos que las palabras deberían desencadenar.

Carlos Mantilla, periodista con más de 30 años en El Comercio de Quito, conmocionado por las implicancias de la muerte de sus “compañeros caídos”, así como por el panorama por el que atravesaba su país, honró su palabra y estuvo presente para intercambiar ideas y sentimientos con estudiantes de periodismo, docentes universitarios, periodistas internacionales, decanos y autoridades universitarias de diversas universidades latinoamericanas.

Esa calurosa tarde de abril, Mantilla nos habló del modelo  de la “transición exótica de escribir en varias plataformas”; de las audiencias en épocas de convergencia; de las implicancias de una redacción integrada multimedia, recordándonos, en todo momento, que hoy enfrentamos periodistas con estructuras mentales y sensibilidades diferentes, y que la redacción es, y será siempre, el corazón absoluto de las operaciones.

Sin embargo, fue quizá antes de partir que, ante la pregunta ¿qué tipo de periodista contrataría usted?, con tranquilidad, describió al periodista en el cual cree: “Un periodista es un ser vivo, un ser inquieto, contestador, que reflexiona mucho. Es un ser que tiene un concepto de democracia diferente, que trata de transmitir las necesidades de nuestros estados a través de sus crónicas; no de sus noticias, sino de sus crónicas. Es un ser de mucha pasión. Es una persona que no tiene temores; que tiene muchas preguntas; que no duda; que actúa; que se expone; que lucha; que tiene valores de vida diferentes. Es un tipo que vela por los demás; que enseña por los demás. Un tipo lleno de valores humanos; que entiende la necesidad del compañero; que tiene una visión comunitaria; que no comulga religiones; que sabe que la independencia es una marca; que debe ser crítico, independiente; que debe contrastar, que debe verificar. Que debe reflexionar. Un periodista no puede escribir desde la tripa o desde los riñones, sino desde la conciencia, acompañado del alma. Por eso siempre digo que el periodista es un ser vivo; vivísimo. Lleno de cosas extraordinarias; lleno de cosas diferentes. Por eso son pocos”.


(Imagen tomada por Úrsula Freundt-Thurne)

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